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viernes, 15 de diciembre de 2017

Asociación de María Auxiliadora


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ADMA-JAÉN

 

DESDE LA ANTIGÜEDAD CRISTIANA
 
Ya en los primeros siglos del cristianismo, los primitivos cristianos de lengua griega acostumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre de Auxiliadora. El primero que llamó a la Virgen María con este título, fue San Juan Crisóstomo, en Constantinopla, en al año 345: “Tú, María, eres auxilio potentísimo de Dios”.
 
“Auxilio”, “auxiliadora” en griego se dice con la palabra «Boetéia», que significa «La que trae auxilios venidos del cielo». Algunos autores tienen afirmaciones muy bonitas sobre la Virgen: «La Madre de Dios es nuestra auxiliadora porque nos trae auxilios de lo alto», «María es auxiliadora de los que están en la tierra y la alegría de los que ya están en el cielo.
 
San Sabas en el año 532 narra que en Oriente había una imagen de la Virgen que era llamada “Auxiliadora de los enfermos”, porque junto a ella se obraban muchas curaciones. Pero el inventor de la jaculatoria que decimos todos los días («María Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros») fue San Juan Damasceno, en el año 749.
 
En Ucrania, se celebra la fiesta de María Auxiliadora el 1 de octubre desde el año 1030. En ese año libró a la ciudad de la invasión de una terrible tribu de bárbaros paganos.
 
EUROPA, EDAD MODERNA
 
Siglos tarde, en el siglo XVI, los musulmanes estaban invadiendo a Europa. En ese tiempo no había la tolerancia de unas religiones para con las otras. Las guerras eran constantes. Entonces el papa Pío V, convocó a los reyes cristianos para que formaran un ejército y lucharan contra el enemigo. El 7 de octubre de 1572 se encontraron los dos ejércitos en el Golfo de Lepanto. Los mahometanos tenían 282 barcos y 88.000 soldados. Los cristianos eran inferiores en número. Antes de empezar la batalla, los soldados cristianos se confesaron, oyeron la Santa Misa, comulgaron, rezaron el Rosario y entonaron un canto a la Madre de Dios. Después, se lanzaron como un huracán en busca del ejército contrario. Al principio la batalla era desfavorable para los cristianos, pues el viento soplaba en dirección opuesta. De repente, el viento cambió de rumbo, batió fuertemente las velas de los barcos del ejército cristiano, y los empujó con fuerza contra las naves enemigas. Entonces los soldados cristianos dieron una carga tremenda y en poco rato derrotaron por completo a sus adversarios. Es de notar, que mientras la batalla se llevaba a cabo, el Papa Pío V, con una gran multitud de fieles recorría las calles de Roma rezando el Santo Rosario. En agradecimiento de tan espléndida victoria San Pío V mandó que en adelante cada año se celebrara el siete de octubre, la fiesta del Santo Rosario, y que en las letanías se rezara siempre esta oración: María, Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.
 
En otra época de guerras, a comienzos del siglo XIX, surgió la fiesta de María Auxiliadora, el 24 de mayo. Los acontecimientos se sucedieron así: el emperador Napoleón Bonaparte, llevado por la ambición y el orgullo, se atrevió a capturar y hacer prisionero al Sumo Pontífice, el Papa Pío VII. Varios años llevaba en prisión el Papa y no se veían esperanzas de obtener la libertad, pues el emperador era el más poderoso gobernante de ese entonces. Hasta los reyes temblaban en su presencia, y su ejército era siempre el vencedor en las batallas.
 
El Sumo Pontífice hizo entonces una promesa: «Oh Madre de Dios, si me libras de esta indigna prisión, te honraré decretándote una nueva fiesta en la Iglesia Católica». Las primeras victorias de Napoleón se volvieron en su contra cuando intentó invadir Rusia: el frío extremo y las grandes estepas heladas le jugaron una mala pasada. De hecho tuvo que retirarse de nuevo a Europa. Al volver se encontró con que sus adversarios le habían preparado un fuerte ejército, que le proporcionó una derrota total, en Waterloo. Napoleón fue luego desterrado de Francia, y se vio obligado a pasar en prisión el resto de su vida. El Papa pudo entonces volver a Roma, entrando triunfante en la ciudad el 24 de mayo de 1814. En memoria de este noble favor de la Virgen María, Pío VII decretó que en adelante cada 24 de mayo se celebrara en Roma la fiesta de María Auxiliadora en acción de gracias a la madre de Dios.
 
SAN JUAN BOSCO, EL GRAN PROPAGADOR DE LA DEVOCIÓN
 
Un año más tarde nacía Don Bosco. Él sería el gran impulsor de la devoción y el cariño a María Auxiliadora. Don Bosco no comenzó a utilizar el título de «Auxiliadora» hasta que ya habían pasado algunos años de su trabajo. Al principio, prefería llamar a la Virgen como «Inmaculada».
 
Un acontecimiento fundamental fue la construcción de la Basílica de María Auxiliadora, en Turín. El 9 de junio de 1868 se consagró la Basílica. La historia de este templo es una sucesión de favores de la Virgen María. Don Bosco empezó la obra del templo con tres monedas de veinte centavos. Pero fueron tantos los milagros que María Auxiliadora empezó a hacer en favor de sus devotos, que en sólo cuatro años estuvo terminada la basílica. El santo solía repetir: «Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen».
 
Desde aquel santuario empezó a extenderse por el mundo la devoción a la Madre de Dios bajo el título de Auxiliadora, y son tantos los favores que la Virgen concede a quienes la invocan con ese título, que esta devoción ha llegado a ser una de las más populares. San Juan Bosco decía: «Propagad la devoción a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros» y recomendaba repetir muchas veces esta pequeña oración: «María Auxiliadora, rogad por nosotros». Él decía que los que dicen muchas veces esta jaculatoria consiguen grandes favores del cielo.

 

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